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Navarra fue uno de los núcleos pirenaicos de resistencia cristiana frente a la dominación islámica de la península Ibérica, que se formaron en el norte, al igual que reino de Aragón y los Condados Catalanes, o el reino Astur en la cordillera Cantábrica. Este núcleo estuvo sometido en cierto grado al Imperio Carolingio, aunque trató de conservar su independencia frente a esta potencia, como pone de manifiesto el episodio de Roncesvalles, y también frente a la dominación musulmana. Esta independencia se hace efectiva cuando en el 810 Navarra se convierte en reino al entronizar a Iñigo Arista como primer rey, creando una dinastía que gobernaría Navarra hasta comienzos del siglo X. En este último siglo, y con el rey Sancho III el Mayor, el reino alcanza el apogeo de su poder, incorporando extensos territorios a sus dominios entre los que se encontraba el condado de Aragón.
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