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En el año 476, los visigodos ya se habían asentado en la Península Ibérica y formado un reino que habría de existir hasta el año 711, cuando la invasión musulmana lo destruyó. En este nuevo reino convivieron los hispano-romanos y los visigodos, aunque nunca llegaron a fusionarse. Fueron testigos de los grandes acontecimientos históricos que se produjeron durante esta época en todo el mundo: la caída del Imperio Romano, el auge del poderío y la influencia musulmana, la expansión de los pueblos bárbaros del norte de Europa..., mientras en la península construían un nuevo Estado. Durante trescientos años lucharon con otros pueblos, y también entre ellos, por los territorios y el poder, y estas luchas internas y las continuas traiciones precipitaron su caída y facilitaron la invasión musulmana.
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